La guerra inesperada de Donald Trump

La guerra inesperada de Donald Trump

-El presidente de EEUU pretende actuar como un ‘war president’ al afrontar una crisis excepcional en pleno año electoral.

Donald Trump se ha erigido en un wartime president en pleno año electoral. Así se presenta ante los estadounidenses cada día en unas interminables ruedas de prensa en las que da cuenta de la evolución de la batalla contra el coronavirus. Este viernes se batía un triste récord global: más de 2.000 muertos en un solo día en la primera potencia mundial.

Hasta el sábado 12 de abril han perdido la vida 19.827 personas en Estados Unidos, seis veces más que en el 11-S. Más de medio millón de estadounidenses han dado positivo, es decir, una cuarta parte de los casos registrados en todo el planeta.

En Nueva York, la zona cero de la pandemia en Estados Unidos, donde hay ya más contagios que en España, y el número de fallecidos se eleva en la Gran Manzana a 8.627. En la isla de Hart, donde hay un cementerio donde se entierra a gente sin recursos se han cavado dos nuevas fosas. De 25 inhumaciones a la semana se ha pasado a 25 al día.

Después de negar la evidencia durante diez largas semanas, Trump ha transformado su lenguaje y su puesta en escena para ponerse en modo combate. «Estamos en guerra, en un sentido auténtico, y luchamos contra un enemigo invisible», declaró el 22 de marzo.

Con un guiño a la descripción que Abraham Lincoln hizo de la Guerra Civil declaró: «Afrontamos una gran prueba como nación y demostraremos que estamos a la altura». Trump ha declarado que su gobierno hará «muy buen trabajo» si el balance final es de unos 200.000 muertos.

Trump se ha encontrado el año en que se juega su reelección con un enemigo con el que no contaba: inesperado e indeseable. Pero no es un cisne negro, como llaman los economistas a un hecho sorprendente de gran impacto socioeconómico y que muchas veces trata de explicar el capitán a posteriori.

Sobre la posibilidad de pandemias hay informes muy acreditados, pero los dirigentes mundiales, no solo Trump, decidieron mirar a otro lado y creerse por encima de los virus.

Como dice quien será su rival en las elecciones del 3 de noviembre, si para esa fecha la situación permite su celebración, el ex vicepresidente Joe Biden, el presidente Trump no tiene la culpa de la pandemia. «Sí tiene culpa de reaccionar lentamente y de forma caótica. Es el comandante en jefe. Es hora de que dé un paso adelante, asuma su responsabilidad y haga su trabajo».

The coronavirus is not Donald Trump’s fault, but the slow and chaotic response to it is. He’s the commander in chief — it’s time he steps up, takes responsibility, and does his job. pic.twitter.com/UFM5lPyzU3

— Joe Biden (@JoeBiden) April 8, 2020

Como indica también David Frum en The Atlantic, «la pandemia no es culpa de Trump. Pero la falta de preparación de Estados Unidos sí es culpa de Trump. La pérdida de respiradores que había acumulados por no suscribir los contratos de mantenimiento en 2018 sí es culpa de Trump. El fracaso a la hora de contar con un arsenal adecuado de equipos de protección sanitaria sí es culpa de Trump. La batalla entre estados por adquirir el material también es culpa de Trump. Que haya viajeros por la geografía de EEUU que estén transitando por aeropuertos concurridos es culpa de Trump. Que haya estado diez semanas infravalorando la gravedad del virus y confiando en que se vaya por obra divina también es culpa de Trump. Hay otros culpables, pero la responsabilidad es de Trump. Podría haberlo parado a tiempo y no lo hizo».

Una pandemia anunciada

Por increíble que parezca en 2005 el secretario de Sanidad, Mike Leavitt, advirtió del riesgo de una posible pandemia. Al principio no se tomó en serio los llamamientos de los expertos pero leyó sobre virología, consultó al Control de Centros de Enfermedades y habló con el presidente. Meses más tarde, la Administración dio a conocer un plan para actuar en caso de que un virus procedente de Asia se propagara por el mundo. Leavitt fue objeto de mofa.

En una conversación con Politico, Leavitt señalaba que «antes de una pandemia, cualquier cosa que digas suena alarmista, pero una vez que comienza todo resulta inadecuado». Desde aquel 2005 varias epidemias han llegado a EEUU, entre ellas el Ébola, pero nada que ver con la propagación del coronavirus.

Si miramos retrospectivamente los acontecimientos en Estados Unidos en 2020, veremos rápidamente cómo se ha perdido un tiempo que habría servido para salvar vidas. Estados Unidos recibió el 3 de enero una notificación formal sobre la propagación del Covid-19 en Wuhan. El primer caso en EEUU se detectó a mediados de enero.

El asesor de comercio del presidente Trump, Peter Navarro, escribió un informe con fecha del 29 de enero en el que apuntaba que la crisis del coronavirus podría costar a EEUU billones de dólares y que pondría en riesgo de muerte o enfermedad a millones de estadounidenses.

«La falta de protección inmune o de cura o de vacuna dejaría a los estadounidenses indefensos en el caso de que el coronavirus fuera una pandemia y se extendiera por EEUU. Hay riesgo de pandemia, lo que pone en peligro la vida de millones de estadounidenses», añadía Navarro en su nota, según informó The New York Times.

Los mercados empezaron a notar el impacto del virus el 24 de febrero. Ese mismo día Trump tuiteaba que todo estaba bajo control. Y tres días más tarde decía que el virus iba a desaparecer «como un milagro». El 29 de febrero moría la primera víctima del coronavirus.

Hasta el 21 de marzo el Departamento de Sanidad no hace un encargo masivo de mascarillas y no fue hasta entonces cuando empezaron a tomarse la amenaza en serio. Cuando Trump asumió como presidente había planes para abaratar los respiradores y hacerse con 20 millones de mascarillas para caso de necesidad, pero nadie se hizo cargo. En 2018 el asesor de seguridad, John Bolton, desmanteló la oficina especializada en pandemias.

Sería interesante ver quiénes se desembolsaron de paquetes de acciones entre quienes accedieron al informe de Navarro del 29 de enero. Durante diez semanas, Trump y sus acólitos dijeron que tenían todo bajo control. Como si mencionar la palabra control tuviera un efecto mágico sobre el coronavirus y lo hiciera desaparecer.

Trump, acostumbrado a moldear la realidad a su antojo, en este caso se da de bruces contra la Ciencia, los hechos, los datos, y como no puede manejarlos, intenta buscar culpables. Cercanos, como sus expertos a quienes deja en evidencia día sí y día también. Y lejanos, por ello habla del «virus chino», un lenguaje que en España evocan los líderes de Vox.

In response to the virus, the American people have launched the greatest mobilization of our society since World War II. 🇺🇸 pic.twitter.com/AzQQKA8DDq

— The White House (@WhiteHouse) April 10, 2020

«Trump está viéndose superado por el coronavirus. Cambia de criterio continuamente. Los enemigos reales no vienen bien a su política de comunicación. Los que viven de fabricar los hechos, cuando deviene la realidad, no pueden dominarla. La realidad es lo que fabrica», explica Javier Redondo, autor de Presidentes de Estados Unidos.

En ese contexto hostil ha tenido que lidiar el epidemiólogo-en-jefe, Anthony Fauci, quien ha recibido amenazas de muerte por exponer de forma clara lo que está sucediendo. La coordinadora de la respuesta al coronavirus, la doctora Deborah Birch, ha sido puesta en cuestión por Trump por defender un cierre del país. Trump, por ejemplo, como si fuera un investigador, ha asegurado que un fármaco contra la malaria funciona con el coronavirus, mientras Fauci tenía que negarlo.

Otro de sus chivos expiatorios ahora es la Organización Mundial de la Salud (OMS), a la que acusa de «chinocentrismo». Trump, poco amigo de los organismos internacionales, ha amenazado con retirar la contribución de EEUU a la OMS. Trump acusa a la OMS de cometer errores a la hora de valorar la importancia del Covid-19 y hacerlo a instancias de China.

La OMS cuenta con un presupuesto de 5.840 millones de dólares. Tan solo 956,9 millones proceden de los Estados miembros. EEUU aporta 115, 76 millones, el doble que China.

Si no tiene nada más a mano, Trump culpa al mensajero, ya sea periodista o investigador, por aquello que queda fuera de su alcance y desbarata sus planes, como el coronavirus.

Aun así en las primeras semanas de la crisis, Trump conservaba un índice de aprobación sobre su gestión de la crisis de un 60%. Sin embargo, en los últimos sondeos empieza a bajar. En la última encuesta de ABC/ Ipsos, del 10 de abril, un 55% de los estadounidenses desaprueban su manera de afrontar este desafío y un 44% lo aprueba.

JUST IN: 55% of Americans disapprove of the way Pres. Trump is handling the response to the coronavirus crisis, new @ABC News/Ipsos poll finds; 44% approve. https://t.co/EcjPlIQR3f pic.twitter.com/mvDp0hjEMn

— ABC News (@ABC) April 10, 2020

«Vivimos un momento en el que la política es irreconocible. La pandemia es una lupa de aumento y refleja lo que había antes y de qué están hechos los líderes. Trump ha cobrado todo el protagonismo con sus larguísimas ruedas de prensa, que son como mítines. Intenta actuar como un gran líder decisivo. Al tiempo recurre a sus clásicos: acusa a la oposición de ser poco patriótica, tacha de fake news lo que no le favorece… Pero también les está costando mucho a los demócratas. Apenas saben cómo seguir con sus primarias», señala Pedro Rodríguez, profesor asociado de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas.

Es cierto que no todo está en mano del presidente Trump en lo que se refiere a las medidas relacionadas con la crisis del coronavirus. Lo relativo al confinamiento de la población depende de los gobernadores, que están ganando protagonismo en este momento.

El más destacado es Andrew Cuomo, el gobernador de Nueva York, demócrata, quien está creciendo como líder. Da ruedas de prensa a diario también, pero siempre deja paso a los expertos cuando la cuestión es técnica y expresa su respeto por su labor. Es muy activo y creativo en redes sociales. «Dejemos a un lado la política. Esto es muy grave», decía en su comparecencia de este sábado.

Holding a briefing with updates on #Coronavirus. WATCH LIVE: https://t.co/dlKMfGBOav

— Andrew Cuomo (@NYGovCuomo) April 11, 2020

Según Carlota García Encina, investigadora principal del Real Instituto Elcano, «si la curva comenzara a aplanarse, podría presentarse como el war president que lo ha conseguido. Trasladaría la idea de que los demócratas no habrían sido capaces ni lo serán. Pero no tiene la personalidad de un war president. A Trump no le gusta dar malas noticias. Carece de empatía, como vimos en anteriores desastres. Para ser un war presidente se necesita voluntad de consenso y carisma».

Lo que pretende Trump al presentarse como un presidente de guerra es el respaldo popular, el reconocimiento a ese líder tan necesario en momentos excepcionales. El efecto around the flag. «Sin embargo, Trump ha polarizado mucho el país y no logra esa unidad», añade García Encina.

«Es cierto que son los estados los que tienen las competencias, pero en una crisis como la actual el gobierno federal ha de asumir su papel. Lo que quieren los estados es más gobierno, más instituciones, y Trump es todo lo contrario», dice García Encina.

Paz y prosperidad

Como explica Pedro Rodríguez, Trump había basado su reelección sobre dos pes: paz y prosperidad. La paz se ha traducido en una retirada progresiva de las llamadas guerras sin fin, como Siria o Afganistán. EEUU ha dejado el terreno libre en Oriente Próximo a Rusia, fiel aliado del dictador Assad en Siria, por ejemplo.

En cuando a la prosperidad, el castillo de naipes sobre el que Trump iba a levantar su reelección se ha caído. El paro está en subida imparable: 6,6 millones de solicitudes de empleo en la última semana de marzo. Los fracasos económicos se cobran cabezas en Washington. En este caso Trump ha sido el primero en apostar por un paquete de estímulo, algo parecido a la renta básica… Ahora Trump apuesta por la intervención de lo público», señala Pedro Rodríguez.

Unos 17 millones de personas se han quedado en paro en un mes. La tasa real de desempleo estaría en un 10%. En 1933 se llegó al 24,9%. Estuvo por encima del 14% hasta 1940. Los más pesimistas estiman que este mes de abril podría terminar con más de un 20% y la recesión llegaría al -18,3%.

Si bien los presidentes en tiempos de guerra en EEUU obtienen el respaldo en caso de elecciones, no ocurre lo mismo en caso de crisis económicas. Así llegó Franklin D. Roosevelt a la Presidencia después de la Gran Depresión de 1929. Sentó las bases del Estado del bienestar y acabó con el ultraliberalismo imperante. Sucedió al republicano Herbert Hoover, uno de los cuatro presidentes de EEUU de un solo mandato.

La economía explica en parte la derrota de Jimmy Carter, otro presidente de un solo mandato, en 1980 frente a Ronald Reagan, aunque la crisis de los rehenes jugó en su contra también. Está detrás de la derrota de George H Bush en 1992, cuando el paro iba al alza, y de la reelección de Barack Obama en 2012.

«Trump iba a ser un presidente de dos mandatos. La economía iba como un tiro y desde la óptica de su electorado ha cumplido. Sus promesas las ha cumplido. Lo que trasladará a su electorado es qué habrían hecho los demócratas que fuera diferente. Ni siquiera podían organizarse unas primarias. Tampoco ofrecen mucha credibilidad», comenta David Sarias Rodríguez, profesor de Historia del Pensamiento Político, en la Universidad San Pablo-CEU.

Lo fundamental sería saber hasta qué punto el electorado de Trump le hace responsable de los fallos en la gestión de la crisis del coronavirus. Aún es pronto para saber si se sentirán decepcionados.

Los más afectados por el Covid-19 con gran diferencia son los afroamericanos, que acceden con más dificultades al sistema sanitario, tienen peores condiciones labores y también una salud más deficitaria. En EEUU hay 20 millones de personas que no tienen acceso a la sanidad.

A juicio de Mariano Aguirre, autor de Salto al vacío. Crisis y declive de EEUU, «la base social de Trump considera que las políticas de globalizar la economía estadounidense que hicieron las élites republicanas y demócratas les marginaron de sus puestos de trabajo a ellos/as y sus hijos. El hombre blanco trabajador industrial medio cualificado y no cualificado está en crisis (alta tasa de depresión y suicidio) y se siente víctima (lo es). Es una incógnita sociológica saber si continuarán votando a Trump en caso de que la economía se hunda en una recesión por el coronavirus».

Una oportunidad para los demócratas

El hecho de que ya no se dé por segura la victoria de Trump en noviembre, como ocurría incluso a pesar del impeachment, ya favorece a los demócratas, que finalmente ya tienen un candidato in pectore para enfrentarse unidos, como es de esperar, al presidente, Donald Trump.

Aún así, como señala The Economist, «la identidad política, la afiliación partisana y la polarización son fuerzas cada vez más fuertes y los índices de aprobación de los presidentes son más estáticos que antes». Es decir, los republicanos militantes y, sobre todo, los trumpistas difícilmente cambiarán de opinión. La clave son los llamados independientes, aquellos que pueden modificar su voto de una elección a otra.

El elegido en la Convención Nacional Demócrata, salvo que haya más sorpresas en el horizonte, será Joe Biden, quien fuera vicepresidente durante dos mandatos con Barack Obama. El antecesor de Trump se ha mantenido entre bambalinas hasta ahora pero saldrá a avalar a Biden en cuanto vea la ocasión.

Biden, que dista mucho de ser carismático, arrancó la carrera en las primarias muy renqueante. Pero dio el salto hacia la victoria en Carolina del Sur gracias al apoyo de la comunidad afroamericana. Fue el triunfador del Supermartes y logró que todos los rivales que iban renunciando le respaldaran. Todos menos la izquierdista Elizabeth Warren.

Con Biden en cabeza y un Sanders muy popular entre las bases estaban los demócratas al estallar la crisis del coronavirus, que hizo imposible que se siguieran convocando primarias por el riesgo de contagio. Aún está por ver cómo se organizan este verano las convenciones y cómo continúa el proceso.

De este modo, el competidor de Biden, el senador por Vermont, Bernie Sanders, ha anunciado esta semana que suspendía su campaña. Seguirá en liza por demostrar la fuerza de su movimiento y ha prometido unir sus fuerzas a Biden para vencer a Trump en noviembre. Biden ha dicho que ha escuchado el mensaje por la justicia social que ha logrado situar Sanders en la agenda política estadounidense.

Joe Biden llevará como aspirante a vicepresidenta a una mujer, según anunció en uno de los debates con Bernie Sanders. Entre las mujeres que pretendían ser candidatas esa vez hay varias que figuran en las quinielas. Quizá la que puede tener más posibilidades es Amy Klobuchar, senadora por Minnesota, también moderada. Más a la izquierda destaca la brillante senadora Elizabeth Warren. Sería una opción más rompedora.

Según Pedro Rodríguez, la retirada de Sanders puede ser un anuncio de lo que puede pasar con Trump: «Quiero creer que hay una curva aplanada del populismo: Bernie Sanders y luego Trump. Están saltando todos los esquemas. Biden va a tener que operar en un medio ambiente político y electoral desconocido. Es la opción del electorado demócrata para recobrar la cordura».

Decía Franklin Delano Roosevelt, el único presidente que ganó cuatro elecciones, algo que ya no es posible porque hay un límite de dos mandatos, que su generación, que vivió la Gran Depresión, tenía «una cita con la Historia». De nuevo, los estadounidenses, y todos los ciudadanos del planeta, estamos ante un momento crucial.

-Ver articulo original de ANA ALONSO – El Confidencial